viernes, 20 de diciembre de 2013

Quién me iba a decir a mi hace años que todas esas lucecitas en el cielo en realidad son cuerpos celestes agonizando. Y que la luna en realidad no me seguía cuando iba en coche, si no que el mundo es tan grande que parece que nos sigue a todos. Quién me diría que la ropa no encoge, que era yo la que me estaba haciendo mayor. Y que el 7 iba antes que el 8 y no viceversa. Que algún día sería capaz de dormir solita con la puerta cerrada, o que debajo de la cama sólo había pelusas (y alguna que otra vez mi gatita). Que me crecería el pelo y todos mis rizos desaparecerían. Que mamá me pondría pescado para comer y me lo comería sin decir una palabra y sin llorar. Que la Luna no se ha llevado al abuelo flotando hacia las estrellas, si no que se que ha quedado una pequeña parte de él en el Castañar (y en mi corazón de niña de 4 años). Que es mentira cuando los adultos se dicen que se quieren. Que la madurez es relativa y hay gente de 50 años más manipuladores y caprichosos que niños de 10. Que el mundo esta convirtiéndose en un lugar lleno de miseria y hambre, donde deberían conducir a los que lo conducen. Que algunos viven por el dinero y otros mueren por él. Que todos en el fondo somos unos niñatos, algunos "perroflautas" con ansia de cambiar el mundo, y otros "coherentes" destrozándolo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Hablemos de lo bonita que está la luna cuando se refleja en tus ojos. O de lo bonitos que se ven tus párpados cuando esta los alumbra.
Hablemos de la delicadeza con la que se posan tus pestañas en tus mejillas, y de tu "pide un deseo" cuando alguna se te cae. Hablemos de tus lágrimas y de tus ojos acuosos cuando piensas en no sé qué que qué sé yo. Y de lo bien que siento tu respiración con las luces apagadas, o tu pulso en el completo silencio de la noche, y tu risa en la soledad de mi cama. Hablemos de tu pelo alborotado y de como te lo sacudes con las manos al salir de la ducha. Y de lo bien que huele(s). Y duele(s). Tanto... Quién sabe si volveré a sentir tus manos acariciando la parte baja de mi espalda o mis labios besando tu clavícula. Quién. Y quién cojones sabe cuanto te quiero y lo mucho que me duele saber que me falta el aire cuando no estás aquí a mi lado. Que me robarás la respiración, pero también me la das cada vez que te me quedas mirando a los ojos. Que a veces me dan ganas de matarte, pero a la vez me dan más ganas de comerte entero. Y como decía Galeano, "quítame la ropa, quítame las dudas; desnúdame, desdúdame."